¿Somos lo que queremos, o somos lo que quieren?
Sometemos una vida creyendo que nos pertenece a nuestras propias leyes, manías, pensamientos... Inculcamos la dictadura en lo que creemos que es nuestra vida. Pero no es nuestra. Ese término debería de haberse dejado de usar hace años. Exactamente, desde que el mundo empezó a someternos. A hacer que nos creamos que depender de los demás es bueno, o por lo menos, es normal.
Hay un hilo llamado vida, y hay unas tijeras llamadas sociedad.
sábado, 26 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
Yo era una tía fuerte. Muy fuerte. Pero no milagrosamente. Me lo había ganado yo solita, a base de un chocazo en concreto que tuve. No me caía con apenas nada, aprendí a que llorar es echar lágrimas por quién lo debe merecer. Pero... ¿Y si lo merece para ti y tú para esa persona no? Es decir, le das importancia y protagonismo en tu vida a una persona que te tiene como una colega.
Somos fuertes hasta que encuentran nuestro punto débil. El mio es que pasen de mi. Funciono así de fácil. Pasas de mi y me tendrás detrás. Pero eso parecía estar lejos de lo que yo tenía.
No creí que por estar en un parque una tarde con mis amigas iba a conocer a mi punto débil hecho persona.
Era fácil decir 'deja de hablar con él porque es el tío que le mola a tu amiga' pero no es fácil desengancharte de tu propia droga. Era el tripi que me flipaba y me ponía nerviosa cada vez que se me acercaba. Y como buen tripi, me tenía dependiendo de él. Me alteraba lejos y cerca.
Tuve que esperar 7 meses para darme cuenta de que le quería más de lo que creía. No me di cuenta de lo que era verdaderamente estar tirada en una cama con él hasta que dos meses y poco después, ya no estábamos.
Mi persona volvió a caer de cabeza. Esa opinión sobre mi misma de que era una tía fuerte había cambiado. Ahora solo sabía llorar y estar deprimida.
Pero soy persona. Sé levantarme, al igual que se caer en el mismo sitio todas las veces que hagan falta.
Me prometí no volver a llorar y pasarlo mal por un tío que no fuese él. Tampoco lo he cumplido, pero no de la misma forma.
Eres el yonki que me volvía loca si me sonreía y me miraba con los ojos más bonitos que he visto, y eso que no son ni azules ni verdes. El marrón más normal del mundo, y el más transparente.
Nada se va porque sí. Nosotros no teníamos ningún porque concreto. Por eso, más que nada, creo que debería de recuperarle, por lo menos como mi colega indefinido.
No voy a volver a ser la misma idiota si tú no estás cerca. Lo siento por mi misma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)